miércoles, 16 de febrero de 2011

La grata sorpresa de Heras Cordón


Hace unos días tuve la ocasión de visitar Bodegas Heras Cordon, en Fuenmayor. Una sensación: sorpresa. Desde fuera de la finca no se advina lo que esconde esta firma relativamente joven en el mercado de Rioja, pero que se mueve en un segmento de vinos de calidad y, a tenor de lo escuchado, de precio. Dejando al margen las dependencias de elaboración, embotellado y producto acabado (que es lo que se aprecia a simple vista desde la calle), me llamó la atención la inversión realizada bajo tierra. Dos grandes naves destinadas a la crianza de vinos con el hormigón como gran protagonista en la construcción de las mismas. Hacía mucho tiempo que no veía algo así, lógicamente excluyendo a los gigantes de Rioja. 
Un millón de botellas guardadas a la espera de su momento óptimo y dos millares de barricas, a simple vista nuevas. A simple vista y a la cata, pues sus vinos denotan la presencia de roble, en ocasiones en exceso para mi gusto, pero que con el paso del tiempo en botella irá suavizando. 
Tanto su Crianza Vendimia Seleccionada 2007 como su Reserva 2005 conjugan clasicismo con modernidad. Clásico porque es evidente el dominio del tempranillo en sus caldos. Morernos, porque el roble es más palpable, más del gusto de ahora y alejado de aquellos que optar por los denominados vinos vinos. Eso sí, son vinos potentes, pero estructurados. Solamente ese pero caduco que representaba la excesiva presencia del roble propia de una reciente saca de barrica y de poco tiempo en botella. Es totalmente redondeable en la botella. Sólo hay que tener paciencia para sacarla al mercado. Y me gusta también la presencia de un tímido porcentaje de graciano, que en mi oponión refuerza la elegancia de los vinos.
Y por supuesto, se puede disfrutar de la gastronomía riojana, algo apreciado y saludable de vez en cuando. Un rato, gratísimo almuerzo, amparado en una cocina tan tradicional como es el tomate, las patatas con chorizo, el asado o la torrija. Sin duda alguna merece la pena la visita a esta bodega que desde su inicio apostó por asentarse en una orquilla de vinos de calidad, que lógicamente hay que pagar, y que completa con esa propuesta de jornada de visita y gastronomía.